Blog de EaL 2018

Día #23 (Jueves 25 de enero)

Analía Colffer (Fernando de la Mora, Paraguay)

Respiro el aire fresco de esta fría tarde mexicana repetidamente, tratando de controlar mi pulso. Estoy sentada al filo de una gran fuente de agua, recostada por la espalda de Mauri.  El agua de la fuente resulta tranquilizador. Inhalando lentamente el aire frío una vez más, evalúo mi día.

Definitivamente, uno de los mayores desafíos todas las mañanas es participar de las actividades matutinas. Salir de la cama con bajas temperaturas y antes de que amanezca se ve recompensado en los graciosos recuerdos que me dejan las actividades: Laura resbalándose y cayendo al pasto, mis rulos congelándose por la helada, Marcopolo haciendo trampas, Caro trotando con sandalias, y Lalo haciendo un esfuerzo sobrenatural por despertarse.

Los días en el rancho, cargados de talleres, son simplemente geniales. Si bien el taller de Fortalecimiento de Proyectos es brillante en contenido, no sería lo mismo sin el sentido de humor y sabiduría de Lalo. Las conversaciones son tan variadas que comenzamos planificando estrategias de sustentabilidad para mi organización, y terminamos debatiendo sobre bacterias. Todos los días, todos los talleres terminan en esas hermosas carcajadas que causan cierto dolor de estómago. Y es hermoso.

Una de las actividades de hoy consistió en escribir cartas de “agradecimiento” a los demás integrantes de EAL 2018, y entonces la carga de que el curso está terminando, cayó sobre mis hombros. La primera carta que logré escribir iba dirigida a Oscar (un amigo Guatemalteco). Al recordar todos los momentos que vivimos juntos, sus bromas sin sentido, su lucha por la represión en Guatemala, su valentía y las carcajadas que me regaló, se me llenaron los ojos de lágrimas. Cada uno de los jóvenes que se encuentra conmigo hoy tiene un espacio gigante en mi corazón, y no quiero perder contacto con ellos.

Extraño mi país, Paraguay, pero amo estar en México con estos jóvenes locos. Es que ellos lo cambiaron todo en mi percepción: Ahora Perú tiene cara de Sandrita, Colombia me suena a Juan David, Ecuador es Ninari, Argentina y Uruguay son sinónimos de Mauri y Gonza, Mexico es un constante recuerdo de Marcopolo y las risas de Ana, Costa Rica es un perezoso llamado Rubén, Brasil tiene pinta de Raquel, El Salvador es pequeño y de gran corazón como Gabi, y Guatemala es valiente como Oscar. Ellos cambiaron mi vida, y siempre van a estar en mi corazón.

En la cocina veo a todos conversando fervientemente, molestándose y riendo aparatosamente. Veo a Meli haciendo pororó sobre una silla ya que no alcanza la cocinita, a Gonza cantando como siempre, a Marco y Oscar bromeando con Pau, y a Bárbara conteniendo la risa. Entonces, disfruto del momento. Disfruto de lo hermosos que se ven todos sonriendo, de lo bien que huele el pororó en proceso, de ver como se molestan y hacen bromas pesadas, como Dickson come a escondidas un poco de pororó, y cómo algunos improvisan pasos de baile. Esto es Empoderando a Latinoamérica. Es unión entre países, es alegría, es sabiduría, es amistad, es risas, es aprendizaje, y es la mejor experiencia que tuve en mis últimos 3 años de vida.

La tristeza se me pasó. Sí, me encantaría nunca perder contacto con estos maravillosos jóvenes, pero lo más importante en todo esto es lo que ya viví con ellos. Todo tipo de recuerdo está cuidadosamente guardado en mi corazón, y nunca se van a borrar. Ana Karen, gracias por nunca rendirte. Pau, gracias por enseñarme que la música está en el corazón, y no en saber ejecutar un instrumento musical. Camila, gracias por hacerme probar las maravillosas tortas de pastor. Oscar, gracias por enseñarme que la esperanza es lo último que se pierde. Vida o destino, gracias por haberme dado la oportunidad de conocer a estas personas. Las amo con todo mi corazón.

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Marcopolo ortiz (Aguascalientes, MÉXICO)

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